viernes, 26 de febrero de 2010

A penales.

Hoy fui a conocer el Estadio Nacional. Es grande, me gusta la sensación de libertad que otorga su espacio.

Mi abuela me contó que cuando ella lo visitó por primera vez, estaba lleno de gente apoyando a Salvador, rebosantes de carisma y esperanza. Mi papá dijo que ese equipo era más bien flojo, que el partido lo ganó el otro; Pero mi hermano dice que los de Portales son chancheros para la pelota, que fue un empate técnico.

martes, 23 de febrero de 2010

Las visitas de mi abuela.

A mi abuela la vienen a visitar de todas partes.
Los lunes viene el cura del pueblo a almorzar y se queda hasta la hora del té. Los martes las viejecitas del pueblo aparecen a las seis para tomar mate. Los miércoles se asoma un vendedor para reponer la mercadería del negocio y, al día siguiente, un enorme camión se las trae. Los viernes viene mi mamá con un autito para mí y un sobre para la abuela. Y los sábados vienen monjas de todo el mundo a conversar con cigarrillos, café y galletas. Pero sin duda, mi visita favorita es el caballero con quien se encierra a jugar naipes los domingos, y me permite sacarle a escondidas caramelos de la vitrina a mi abuelita.

sábado, 20 de febrero de 2010

De pelirrojas y estepas.

La verdad es que Lobo era más bien ñoño: con tirantes, camisa cuadrillé, corbata ajustada, zapatos bien lustrados, lentes y peinado a la gomina. Pero aquella tarde primaveral en que lo encontró Caperucita camino a la escuela, mientras se detenía a atar sus agujetas a un costado del camino, no halló más remedio que rendirse ante las amenazas de la pelirroja y devorarla entre los matorrales.